Música para la canícula

El Festival Noches del Botánico cumple su segundo aniversario

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Noches del Botánico. Eliane Elías Trío: Eliane Elías (piano), Marc Johnson (contrabajo) y Rafael Barata (batería); John Pizarelli: Sinatra & Jobim: John Pizzarelli (voz y guitarra), Daniel Jobim (voz, guitarra y piano), Helio Alves (piano), David Carn (contrabajo) y Duduka da Fonseca (batería). Madeleyne Peyroux Trío: Madeleyne Peyroux (voz y guitarra), Jon Herington (guitarra) y Barak Mori (contrabajo); José James. José James (voz y guitarra), Solomon Dorsey (bajo), Takeshi Ohbayashi (piano y teclados) y Nate Smith (batería). Real Jardín Botánico Alfonso XIII. 12 y 14 de julio de 2017.

Podría resultar interesante hacer un estudio del tráfico aéreo que se genera cada verano. Cuando comienza a apretar el calor, seguro que son músicos quienes colapsan los aeropuertos reclamados por este o aquel festival. A estas alturas son precisamente estos los verdaderos agentes dinamizadores; los responsables, en definitiva, de sostener el grueso de la industria musical. Y si hay algo que vertebra España en verano son sus festivales –o verbenas– que cada año suman en número. Muchos de ellos, los más sonados y mercantilizados, son a lo grande, pero hay otros, no multitudinarios, que también dan cabida a músicas menos masivas.

El Festival Noches del Botánico parece que ya ha hecho suyo el Jardín Botánico de la Universidad Complutense de Madrid. En su segunda edición se ha consolidado como una de las citas musicales del verano en la capital consiguiendo convocar a un gran número de asistentes en un aforo no pequeño. La cita no se adscribe a uno u otro género, más bien se dirige a todos ellos por igual aglutinando una mezcolanza de estilos, públicos y edades. Es una tendencia evidente la aspiración generalista, sin llegar a lo masivo, de un cartel que pivota en torno a numerosas propuestas y formatos de prácticamente todo tipo. En su tercera semana cuatro grandes nombres brillaron en la noche canicular de la capital en lo que bien pudieron ser dos monográficos, uno dedicado a Brasil y otro a la voz. El trío de Elíane Elias y John Pizzarelli junto a Daniel Jobim protagonizaron la noche del martes 12. Por su parte, el viernes 14, Madeleyne Peyroux y José James, dos de las más destacadas voces de la música popular actual, fueron los encargados de abrir el fin de semana.

Brasil, ese rincón –si bien inmenso– de confluencias sonoras que más allá de completar un capítulo de la historia de la música constituye un universo sonoro con un ADN genuinamente único fue revisitado como espacio y concepto por dos propuestas complementarias. El trío de Eliane Elías y el último proyecto de John Pizzarelli junto a Daniel Jobim se repartieron la noche. Una hora cada uno que de manera conjunta dedicaron a ofrecer una relectura del cancionero brasileño. La batería de Rafael Barata y la grandeza legendaria del contrabajo de Marc Johnson respaldaron el piano de gran cola y la susurrante voz de la pianista brasileña. Y así, juntos, repasaron algunos de los éxitos del repertorio de Elías sin olvidarse de grandes clásicos como “Desafinado”, la “Garota de Ipanema”, “O pato” o “Águas de Março”.

El trío, a buen ritmo y con paso veraniego, dio el testigo en su mejor momento a la banda de John Pizzarelli, actualmente de gira por medio mundo presentando la última aventura del guitarrista de Nueva Jersey, Sinatra & Jobim @ 50 (Concord Jazz, 2017). En la relectura cincuenta años después del feliz encuentro discográfico de Frank Sinatra y Antonio Carlos Jobim, el guitarrista ha invitado al nieto de la autoridad, Daniel Jobim, y aunque el calificativo de crooner le quede grande a la voz de Pizzarelli, resulta innegable el gusto, el respeto y el amor que infunde a ese puñado de canciones que rebosan poesía cotidiana, maestría pero, sobre todo, naturalidad. “Baubles, Bangles and Beads”, “Aqua de beber”, “Bonita”, o “Wave” fueron algunas de las composiciones que interpretó la reunión de ilustres donde también tuvo cabida la música de Paul McCartney, “otro de los mejores compositores brasileños de siempre” según un Pizzarelli cargado de razón porque el adjetivo brasileño no recoge únicamente el valor de gentilicio.

En la noche del viernes 14, José James y Madeleyne Peyroux realizaron una exhibición de dos aparatos fonadores prodigiosos. La cantante visitó la capital acompañada por Jon Herington a la guitarra y Barak Mori al contrabajo y, aunque aparentemente desnudos y frágiles, lo cierto es que el trío apareció armado para dominar un imponente escenario cuyo carácter amenazador poco a poco fue diluyéndose. Por cosas así Madeleyne Peyroux se ha ganado a lo largo de su ya dilatada trayectoria el reconocimiento de crítica y público. Por cosas así se ha reivindicado como una de las abanderadas de la nueva canción: por una sensibilidad y personalidad extraordinarias a la hora de enfrentarse a cada pequeña miniatura, ya sea propia o prestada, y por ser capaz de imprimir en cada melodía la firma de su voz aterciopelada pero vivida y llena de sabiduría.

El estado de placidez colectiva que siempre consigue inducir la cantante explotó con la aparición de José James y un registro bien distinto. Su voz, posiblemente unas de las más reputadas de la escena de la música urbana, lo aguanta todo. El cantante toma prestados sonidos de aquí y de allá, del soul, el jazz, o el r&b y todo ello aderezado con una voz que soporta cualquier comparación y que se atreve, como ocurrió la noche del viernes, con Bill Withers, Marvin Gaye o Billie Holiday. José James demostró, además, que ante todo posee una fórmula que casi siempre resulta infalible y con la que consigue, a la vez que tiene un pie en la tradición, conectar con un público joven. Aunque el cantante también está de gira con motivo de la reciente salida de Love in a Time of Madness (Blue Note, 2017) junto a su habitual banda hizo un repaso por su amplio repertorio que acabó en una verdadera fiesta.

José James consiguió agolpar al público en torno a ese escenario a prueba de mirones que, como cada año, permanece incólume durante todo el mes de julio y se levanta en mitad del Jardín Botánico Alfonso XIII, en mitad de uno de los pulmones de la capital, en un rincón donde se respira de otra manera a pesar del verano. El madrileño siempre resulta implacable. Y aunque la música todavía no tiene poder refrigerador ni sirve como remedio para el calor, al menos ayuda a sobrellevarlo.

Juan Carlos Justiniano

Fotografía: Eventos en Red (portada), Cristina Aguilar.

     
     
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