Quédate, luna…

Devendra Banhart en las Noches del Botánico

DE LA MAGIA OCULTADA EN EL DESAIRE
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María Elena Cuenca Rodríguez

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MÚSICA PARA LA CANÍCULA
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Juan Carlos Justiniano López

Festival Noches del Botánico. Devendra Banhart. Real Jardín Botánico de Alfonso XIII de la Universidad Complutense de Madrid. Domingo, 2 de julio 2017.

Pocos artistas tienen la capacidad de sumir al espectador en un mar de incertidumbre constante, a la vez que hacer las veces de maestro de ceremonia carismático y onírico, despertando buenrollismo a los espectadores desde el primer instante. A Devendra le encanta improvisar hasta el punto de originar nuevos temas sobre el escenario; tiene el desparpajo de dialogar abiertamente con el público madrileño –al que se dirige con el apelativo venezolano de “panas”– y hasta flirtear con él durante aquella noche del Orgullo. El artista no solo se encuentra como en su casa para entrar y salir de la escena, o ponerse a charlar con sus músicos, sino que consigue empapar a los oyentes en ese ambiente azaroso. Además, el marco arbóreo y floral –encumbrado por una luna creciente a la que iba dedicado el concierto– embelesaba los sentidos de aquellos que (religiosa y costosamente) habían pagado su entrada para ir a ver al maestro.

Comenzando por “Für Hildegard von Bingen” para calentar las piernas de los que se encontraban en el césped bailando, le siguió la primera canción “Theme for a Taiwanese Woman in Lime Green” del último disco, Ape in Pink Marble. Si algo se puede resaltar de este álbum es su completa irracionalidad –como gran parte de sus letras–, que conjuga con el sonido íntimo de los sintetizadores y guitarras en casi todas sus piezas. El álbum se mueve por diferentes estilos: algún ritmo de bossa novabrasileña en el anterior tema mencionado, el freak-pop al que nos tiene acostumbrados con “Mourner’s Dance”, su mezcla disco en “Fig in leather” y otros temas de tendencia soul como “Linda”. En el concierto se atrevió con su particular homenaje a Jonathan Richman, “Jon Lends a Hand” –quedándose en la cabeza el verso: “As beautiful as you…”–, y su divertido “Fancy Man”.

Tras presentar a sus músicos –con un carisma similar al del protagonista al seguir todos y cada uno de sus delirios creativos– volvió a canciones de su pasado discográfico como el clásico “Baby”, “Mi negrita” o “Daniel”, haciendo bailar a un público cada vez más festivo. Sus improvisaciones se mezclaban entre temas como “Quédate, luna” o “Brindo”, envolviéndonos en el clima de una de sus mejores canciones de amor con su característica voz en vibrato. Continuaba con su “Santa Maria de Feira”, ganándose al público con su sarcasmo: “Pensando… cada día cada hora… pensando en Madrid. ¡Gracias, Copenhague!”. A esto le seguía el clímax surrealista de la noche: la llamada al escenario de una chica del público, cuya canción aún no había sido escuchada por nadie en concierto (a lo que una crítica malvada contestaría: ¡normal!). Lo cierto es que tuvo coraje para subir al escenario, agarrar la guitarra de Devendra y disponerse a cantar unos versos dispersos ante un público ciertamente desconcertado pero interesado. El venezolano no tardó en agradecer a la joven su valentía para continuar naturalmente con “Golden Girls”, el primer tema de su disco Mala para pedir al público “get on the dance floor” repetidamente. Siguió el concierto con “Never Seen such Good Things” del mismo álbum, con temas rockanrolleros como “Shabop Shalom” o con su desgarbado estilo a lo Patti Smith en “Long Haired Child”.

Tras esa anarquía musical, como era de esperar, se quiso despedir con “Foolin’”, dejando al público con un amargo sabor de boca por la brevedad del evento y su repentina huida. Volviendo nuevamente para hacer sonar su homenaje al difunto Starman, en un momento sobrecogedor le dedicó una versión del “Sound and Vision” del genio Bowie. Como no podía faltar, “Carmensita” concluyó la sesión madrileña dejando al público con más ganas de jarana. Pero es cierto que no lo podía haber hecho de otra manera: Devendra es Devendra y su imprevisibilidad le define. Mientras algunos le imploraban “Quédate luna”, él como en su canción señalaba: “Yo no me he tomado, pero me voy a tomar un traguito ahora…” y nos dejaba con el mejor anhelo de sus canciones.

María Elena Cuenca Rodríguez

     
     
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