Un disco que no existe Escúchalo en Spotify Escúchalo en Youtube

Perder canciones

LA MÚSICA DE MIKE SCOTT
Perder canciones

Hugo Milhanas Machado

LA FÁBRICA DE PAISAJES
Concierto de Rodrigo Leão en Madrid

Carmen López

THIS IS A LONG ONE, BUT A GOOD ONE
Perder canciones

Hugo Milhanas Machado

Hace algún tiempo, no mucho, un amigo me dijo: resulta curioso hablar a día de hoy de discos piratas, esas cosas. Y también de discos perdidos (y pedidos, añadí) o de discos voladores. Pero sobre todo de discos piratas. Nos hablan a menudo de aceleración, de rigor, la música es efímera. A mí me gustaría que se hablara más de estilo, por ejemplo, o de estribillos. Viva el estribillo. Lo último ya no sé quién lo dijo, pero creo que fue él.

Retengo la idea de mi amigo, probablemente improvisada pero oportuna: resulta sorprendente que aún nos sorprendamos (o ya nos sorprendamos) con una grabación pirata, con un disco de factura ilícita y coste cero. Nos conmueve el delito emocional, a veces la imprudencia, y estoy seguro de que conservamos sigilosamente muchos discos del género en nuestras colecciones. Yo tengo algunos, y hoy voy a hablar de uno que lleva en el rostro la siguiente inscripción, en tinta de rotulador, como mandaba la praxis: “Muse – Live @ SuperRock 2004”.

Paso a describirlo, a modo de ficha técnica inexistente y altamente empírica: 12 pistas, 1 hora, 3 minutos y 47 segundos de duración. El sonido es pésimo: grabación registrada en mp3, mano levantada (se perciben oscilaciones del aparato), voces de muchísima gente. Gente que saltaba y gritaba y se contorsionaba alrededor de nuestro ocasional servidor. Me pregunto: ¿qué pasó con aquella pequeña e improbable humanidad? Han pasado algunos años, pero a lo mejor nos podríamos reconocer en la calle. Resulta muy hermoso imaginarlo, y sospecho que perder canciones es justo esto: experimentar el amor precario y pasajero que acabaremos buscando toda la vida.

(Hay precisamente una canción de Muse donde se escucha: “this love’s too good to last, and I’m too old to dream”. Merece la pena buscarla.)

Presentado el objeto, un compact-disc TDK - 80 minutos de toda la vida, ya puedo añadir más cosas: es la grabación del concierto que dieron Matthew Bellamy, Christopher Wolstenholme y Dominic Howard el día 9 de junio de 2004 en Lisboa, en la primera jornada del festival Super Bock/Super Rock de aquel año –compartiendo cartel con Pleymo, Static-X, Linkin Park y Korn (headliners estos últimos). Y sí, ya os habéis percatado, el concierto estaba integrado en la mítica Absolution Tour, la que veinte días después había coronado al grupo de Devon en el ya histórico concierto de Glastonbury. No sé si alguien ya lo dijo, pero aquella noche muchos quisimos intuir que de pronto, entre banderas y pechos desnudos, acababa de empezar el rock del siglo XXI.

(Escuchad otra vez la canción de arriba, pero ahora en la versión de Glastonbury 2004.)

Desnudemos al fantasma. Ahí va la setlist del registro, vertebrada en el reciente Absolution (2003) y complementada con un sucinto levantamiento del material sonoro recogido en este disco que no existe.

La grabación empieza in medias res con el discurso cortado de un caballero que acaba exclamando muy solemnemente “MUSE” (la presentación, pues), aplausos, Matt vocalizando algo imperceptible que acaba en “Lisbonaaaaa”, voz distorsionada en el modulador + “Hysteria”, “New Born” (primera de cuatro incursiones en Origin Of Symmetry, 2001), “The Small Print” y “Dead Star” de tirón, Matt presentando el siguiente tema, repescado del primer disco (Showbiz, 1999), alguien no muy lejos de nosotros imitándole en tono disparatado + “Muscle Museum”, “Citizen Erased”, interludio al piano + “Sunburn”, presentación y “Butterflies & Hurricanes”, “Bliss” en versión extendida, “Time Is Running Out”, “Plug In Baby”, agradecimientos al público, el inevitable “Cheers, see you next time!” de Dom + “Stockholm Syndrome”, con cambio de guitarra, crowd surfing de Chris y destrucción de set incluidos. La avería y el cambio de guitarra son audibles, lo demás, como el baile circular de puntillas de Matt en el riff de “Time Is Running Out”, es materia prestada. Como la mano de Dios de Maradona: si la vemos, bien, y si no, no pasa nada.

En fin, no hace falta decir que aquellos eran otros tiempos. Los viejos Muse. Espero que os guste tanto como a mí este disco que no existe. En todo caso, supongo que os será muy difícil encontrarlo. Por cierto, aquél día Matt Bellamy cumplía 26 años. A una canción suya le debo uno de los poemas que publiqué en forma de libro el año siguiente: es “Sing For Absolution”, una canción hermosísima, redonda, que aquella noche tampoco existió.

Hugo Milhanas Machado

Fotografía procedente de abelgaloismuse.blogspot.com

     
     
Persíguenos en Facebook Persíguenos en Twitter Visítanos en Flickr ¡Suscríbete! Canal de YouTube Spotify ¡Suscríbete!