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Perder canciones

LA FORMA DE LA BOCA
Perder canciones

Hugo Milhanas Machado

MY HUCKLEBERRY FRIEND...
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UN DISCO QUE NO EXISTE
Perder canciones

Hugo Milhanas Machado

Me compré el disco The Man Who una mañana de lluvia del año 2000. Recuerdo perfectamente la lluvia, porque quise que fuese así: tenía que llover, o no me compraba el disco. Así que esperé a un día de lluvia, y cuando finalmente llegó me puse la camiseta de rayas bajo el abrigo, un abrigo de talla muy superior a la mía, y me dirigí a la tienda de discos. Todo cuadraba. Entonces intuí que en algún lugar, de forma casi imperceptible, ya estaba sonando ese estribillo que algún tiempo después todo el mundo empezaría a cantar, why does it always rain on me?

Pues serían las nueve o las diez cuando entré en la pequeña discoteca al lado de la escuela que aquel entonces frecuentaba. Algunas semanas después volví para encargar el sencillo “Coming Around”. No lo distribuyen en Portugal, me dijeron, hay que traerlo de fuera. No sé muy bien lo que sentí entonces, al fin y al cabo han pasado más de doce años, pero recuerdo con nitidez todo ese día de clases. Mis compañeros en el aula, algunos apuntes con títulos de canciones, nombres de bandas, dibujos. Tiempo después regresé a aquella discoteca para hacerme con The Invisible Band (2001), 12 Memories (2003) y todos los singles que entonces pude localizar, algunos de ellos también importaciones. Que no lo hay en Portugal, me decían, pero te lo pedimos. No vuelvo por allí desde 2004, alguien me dijo que ya no existe, pero no lo sé. Me cuesta creerlo.

El disco con que me hice aquella mañana de lluvia lo firmaba una banda de Glasgow llamada Travis, como el personaje de Paris-Texas. Los Travis de Fran Healy, Dougie Payne, Andy Dunlop y Neil Primrose, la banda invisible, la banda de los amigos de Ben Stiller, o simplemente la banda que. Éste fue el nombre que, ya en la facultad, allá por el año 2003, le pusimos algunos amigos y yo a una banda de covers de los escoceses: nos hacíamos llamar The Band Who. Dimos un solo concierto en un festival universitario y lo pasamos francamente de cine, entre kilts y sudaderas del equipo nacional de rugby. La gente preguntaba, ¿pero banda que que? ¿la banda que? La banda que, sin más. Solo que. Por supuesto que en ese único concierto no faltaron temas como “Why Does It Always Rain On Me?”, “Turn”, o la versión del “Baby One More Time” de Britney Spears. La The Band Who de aquella noche la componíamos: Joana a la batería, Teresa y Catarina en los coros, António en el bajo, Mário y yo en las guitarras. No me resisto a mirar un par de fotografías que todavía mantengo: algunos salimos con la cabeza baja, estamos tocando, estamos contentos, las chicas sonríen. ¿La banda que? Simplemente que.

Así que algún día tenía que pasar. En febrero de 2009 Travis se presentaban en una sala de Madrid para presentar su reciente Ode To Jo Smith. El día que me hice con la entrada supe o intuí, con el trocito de papel en la mano, que acababa de empezar a perder la banda responsable de gran parte de la música que me había ambientado el comienzo del siglo. Entendí que alguna vez tendría que escuchar aquellas canciones en directo y de alguna forma despedirme de ellas. Esto no lo sé aún explicar, pero cualquier concierto de un grupo que amamos me sigue pareciendo un ceremonial de encuentros y desencuentros, de amor y rechazo. Allí estuve, entre Fran y Andy, sin cantar un verso, durante la hora y media que duró la velada. Una chica de Singapur me envió después centenares de fotos que no observé más de dos veces.

Hubo sorpresas, como la recuperación de “Falling Down” de Good Feeling (1997), la pulida y fresca robustez de “Chinese Dreams” o “Something Anything” en directo, y el desfile de clásicos forjados a lo largo de más de una década: “Turn”, “Writing To Reach You”, “Sing”, “Side”, “Driftwood”, “Closer” cantada a pecho abierto. En fin, destellos instantáneos de una inmensa e imponderable constelación de recuerdos, como si una sola noche pudiese durar tanto tiempo y de pronto el pasado se instalase allí, claro, compacto. Y no puede, aunque a veces lo deseemos con mucha fuerza. Volvemos a todos esos lugares durante unos momentos, reconocemos algunos gestos, y eso basta. Es esa la duración de las canciones.

Instantes antes de volver a la fresca noche de Madrid, ya avanzado el encore, Fran preguntó por el tiempo, dijo que ya nos íbamos. Entonces sonó la grabación del chelo, se metió la secuencia de cuatro acordes que años atrás había practicado una y otra vez, los chicos empezaron a botar y Fran susurró: “I can’t sleep tonight…”.

Hugo Milhanas Machado

@hmmachado

Fotografía procedente de Travisonline.com

     
     
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