Querido Tom Waits,

Señor

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Mario Muñoz Carrasco

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Mario Muñoz Carrasco

Esta carta le llegará un poco tarde. Se habrá enterado… la cadena de la bicicleta del cartero se ha estropeado y ahora hace el servicio caminando. La culpa la tienen los pedales del siglo XXI… que funcionan soplando. Un mundo raro que diría Chavela Vargas.

Hace tiempo que tengo ganas de escribirle. No sé. No quiero parecerme a Herzog, un personaje de Saul Bellog que se dedicaba a escribir cartas a personas que admiraba pero que sabía que nunca le llegarían. Realmente lo hago, pero es un secreto que queda entre usted y yo. No transcenderá más allá de estas paredes. Prometido.

Quizá no tengo la complicidad suficiente para que le mande cartas, al menos no tanta como Federico Sopeña y su sobrina la cantante de ópera Ana Hidalgo… ni tampoco la de Joaquín Turina con Manuel de Falla… pero tengo que preguntarle algo y por desgracia no tengo ni su mail ni su número de teléfono. ¡Malditas comunicaciones las del siglo XXI! Tan inmediatas… tan accesibles… ¿Se fue por eso a vivir a un pueblo en las montañas de Irlanda?

Por cierto, aquel 2008, disfruté en San Sebastián… Gran concierto, mordiscos exquisitos, banda inmensa la que tiene. Su hijo el batería, tiene sangre en las baquetas. Debería regresar a España. Necesitamos su voz y los veinticuatro megáfonos que utilizó en el Kursaal ahora que la palabra crisis refunfuña en las neuronas… De todos modos, creo que sus efectos serían terciarios – incluso décimos. No se preocupe, culpas fuera. Ya sabe que cada uno escucha a quien quiere y cuando quiere… aunque a las Madres, deberíamos escucharlas siempre.

Hace unos meses, comencé a escuchar párrafos de E. M. Cioran y me encantaba. En Silogismos de la amargura, concretamente en un apartado que lleva el encabezado “Sobre la música”, me encontré esto en la página 112.

A la Italia del siglo pasado – feria de sonidos – le faltó la dimensión de la noche, el arte de exprimir las sombras para extraer su esencia. Hay que escoger entre Brahms o el Sol…

¿Señor, qué escogería? ¿Escogería?

Me encantaba… haaaaasta que descubrí que apoyaba postulados nazis. Cara de decepción durante una semana.

Cómo lo valoro. Cómo se debe sentir Invisible Tears de Charles Manson sabiendo que fue el cabecilla de “La Familia”, un grupo de individuos que asesinaron… soy todavía demasiado débil. No comprendo cómo se puede matar a una mujer embarazada. No comprendo cómo se puede matar. Perdone que resulte pretenciosa con este tema pero… ¿cree que los que matan pueden hacer música? Lo dionisíaco de Grecia no tiene nada que ver con esto. Grecia era más humana.

Mmmm… ¿qué opina de la muerte? ¿Hay que morir para triunfar o uno muere cuando triunfa? ¿Triunfar significa tener éxito o el éxito viene cuando los demás hablan de usted? Señor… lo sabe porque es un hombre de éxito… se expresa como le apetece y no quiere hacer nada más. De momento, creo que eso es el éxito.

Por lo que cuenta Erik Satie en Memorias de un amnésico y otros escritos, un artista debe tener una jornada organizada… creo que era un hombre con un reloj en su cabeza; algo parecido a Juan Antonio Bardem, que solía meterse en su habitación con la luz apagada y cronómetro en mano y… voilà: Muerte de un ciclista. Tengo la sensación de que para usted la palabra “organización” queda abrazada por la palabra “libertad”; a veces, primas-hermanas. Sí, desde luego. Intentemos ser prácticos.

Mas allá – bueno… sin llegar al infinito, frene antes – de sus composiciones, de sus letras y frases, de lo contrastes, de los noventa y tantos timbres que se perciben cuando canta, de su firma con pluma personal en Ol´55 o Tom Traubert´s Blues… incluso en su papel de presidiario en Down by law y en otros trabajos con su amigo Jim Jarmusch; más allá de todo esto, me gustaría que me contase cómo quiere a sus instrumentos. Voz y piano.

No me estoy explicando bien. No me refiero a algo como lo que ocurrió hace poco en Londres; que una violinista se acerque a un mostrador a pedir un sándwich, se despiste y el Stradivarius desaparezca… Au revoir! No… no. Está más relacionado con el afecto.

Hablo de amor. No es estúpido hablar de amor. Estúpido es no hablar. Parece que amor y muerte son todavía palabras prohibidas. ¡Desdichadas óperas que se quedan sin argumentos! Preocupaciones fuera, que Anna Nicole – la ópera sobre la vida de la modelo Playboy Anna Nicole Smith – se estrenará el próximo mes en el Covent Garden de Londres e irán los modernos más modernos; y la gente – no la canción ni la poesía – hablará de muerte y amor. El pueblo será coro, una vez más.

Cómo quiere a su piano. Lo quiere como a su compañera Kathleen Brennan o como a sus hijos. O como a su perro. O más bien… lo quiere como a un ente que produce sonidos y melodías y nocturnos y blues… o quizá no lo quiere. Imposible. Al fin y al cabo, se trata de respeto. ¿Cómo respeta?

Si muere su piano… Bueno, eso depende de usted y de su voz de puro.

Realmente no sé si le llegará la carta. Si le llega… si le llega avíseme. En caso contrario, pensaré que se ha vuelto a estropear la cadena de la bicicleta del cartero.

Le envío un Gracias fuerte,

una niña.

Carmen López García

     
     
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