Entrevista a Manuel Morao Escúchalo en Spotify

¿Flamenco o cante de los gitanos?

Manuel Morao es con sus ochenta y dos años de edad historia viva de la música. Patriarca de una de las sagas más importantes de tocaores, su aportación e influencia en la guitarra acompañando el baile o el cante ha sido enorme. Ha estado al lado de grandes figuras como la Perla de Cádiz, Antonio Mairena, Agujetas de Jerez o Antonio el Bailarín, entre otros, y creó junto a su cuñado Terremoto de Jerez muchos de los momentos más emocionantes de esta música. Su forma de ver el flamenco y el cante de los gitanos causa polémica entre los aficionados, calificado de radical por algunos. Avalado por una carrera artística formidable y por la experiencia directa, su testimonio ha de ser puesto de relieve y tenido en cuenta, proponiendo un discurso a contracorriente que plantea una valiosa problemática que debe ser causa de reflexión y discusión.

En esta entrevista de sólo una pregunta Manuel Morao explica su visión del flamenco y del cante de los gitanos, un punto de vista polémico e incómodo pero respaldado por el conocimiento de un artista que ha vivido este arte en primera persona.

¿Flamenco o cante de los gitanos?

La palabra flamenco no quiere decir nada, es una palabra insulsa que no tiene significado. En Andalucía existe una música étnica, el cante de los gitanos, y al mismo tiempo un folclore riquísimo y variado, pero muy distinto, que es una música tradicional muy rica y peculiar que depende de cada región o provincia. El cante de los gitanos nace cuando estaban recluidos en guetos y ni los políticos, ni los dirigentes, ni los intelectuales querían saber nada de ellos. Su música y su cultura estaban repudiadas, marginadas y olvidadas. Por eso se sabe tan poco de los gitanos, no había ningún interés en aquella época y este vacío no se ha podido recuperar. Al estar marginadas estas personas, junto a su cultura y sus costumbres, tampoco se podía conocer en absoluto su música, de hecho sólo se resaltaba lo peor de ellos. La música era algo inserto en el seno familiar, un rito, un sentimiento más de la persona, que nacía con ella y que se convertía en un hábito muy necesario. Aquellos días esta música sólo se conocía con un nombre, que era el de cante de los gitanos.

Cuando empieza la integración y sale a relucir esta cultura y su música, la gente se sorprende. Es todo emoción, ritmo, improvisación, guiada por el sentimiento y el estado del alma. Al ser una expresión artística muy interesante a nivel musical, los andaluces se aficionan a ella e intentan aprenderla. Pero surge el problema de que los no-gitanos andaluces no se conforman con participar, sino que pretenden tomar parte de una forma legítima, apropiándose de ella. Para ello hay que buscar una palabra que permita que puedan intervenir todos. Anteriormente al Concurso de Cante Jondo del año 1922 en Granada, organizado por Manuel de Falla, se llamaba todavía cante de los gitanos; no se denominaba ni flamenco, ni cante jondo, ni cante rancio. De hecho hasta se proclamaba cante de los gitanos con cierto tono peyorativo, junto con todas aquellas cosas malas que supuestamente los gitanos hacían.

Pero como después pretendieron participar con derecho propio, quisieron ponerle un nombre nuevo que eliminara toda vinculación con esta etnia. Primero se le llamó cante jondo. Federico García Lorca era un hombre muy trascendente, un gran poeta de sensibilidad y buscó una palabra de significado profundo. Luego llegaron otros nombres como el de cante grande y ya después flamenco, vocablo que no quiere decir nada. El problema de llamarlo cante de los gitanos era que con esta palabra se pensaba directamente en los gitanos, cosa que se prefería evitar. En cambio, flamenco es una palabra inocua que se puede utilizar perfectamente y borrar el rastro gitano con ella. Así, este término acabará también designando lo que era el cante de los gitanos y todos los cantes al mismo tiempo, toda la música folclórica de Andalucía, incluidos los fandangos. Para mí la palabra flamenco no quiere decir nada, es una palabra insulsa y que ahora se ha convertido en algo todavía más peligroso.

Sobre el cante de los gitanos también hay que hacer una delimitación geográfica. Porque sí hay cante de los gitanos, pero sólo lo han interpretado bien algunos de ellos. Se podría decir que sólo se ha cantado con propiedad en Andalucía la Baja, de Triana hasta Cádiz, donde nace y muere el cante de los gitanos.

Con todo esto no quiero decir que el cante no tenga que evolucionar. De hecho es lo contrario de lo que piensan hoy los nuevos aficionados, las personas que se dedican a escribir sobre esto, y los músicos profesionales. Todos argumentan que el cante está ya muy arcaico y muy antiguo, y que la música no puede estar sin moverse, por lo que hay que hacerla evolucionar. Esto es una falsedad, porque el cante de los gitanos siempre ha estado en movimiento, pero siempre realizando un progreso que parte de una raíz y que no se puede olvidar. Lo que no se puede hacer es intentar que algo evolucione despreocupándose de la base y los fundamentos. El cante de los gitanos es sólo uno y el flamenco es todo.

Este cante es para nosotros vida, es como el aire que respiramos. Yo hablo siempre de cante porque es lo más importante, el comienzo de todo, por eso se llama cante de los gitanos. En realidad la guitarra es un instrumento ajeno. Se ha incorporado después y no forma parte de la base de esta música. Los gitanos tenemos facilidad para los instrumentos, y hemos demostrado siempre una originalidad especial a la hora de tocar, pero la guitarra no está dentro de nuestra cultura étnica. Lo importante y el centro de todo es el cante.

El acompañamiento al cante con la guitarra o con el baile es igual que una conversación. Los intérpretes tienen que hablar el mismo idioma: una conversación en el mismo idioma tiene sentido y coherencia. Hoy el gran defecto y problema con el cante, la guitarra y el baile es que cada uno se sirve de un idioma distinto. Los músicos empiezan y terminan al mismo tiempo porque lo tienen todo ensayado y construido, pero en ese intervalo, desde que se empieza y hasta que se termina, está cada uno por un lado; el idioma no concuerda, no crean, ni producen, ni construyen nada juntos. Aquí reside el misterio de saber acompañar. Antes no se ensayaba, no se preparaban las actuaciones y salían perfectamente, pero eso era porque el idioma era el mismo.

El futuro del cante de los gitanos está muy mal. Al principio era despreciado, después llegó el cambio de nombre y se apartó a los gitanos de él. Antes los gitanos éramos necesarios, porque, aunque se estuviera haciendo una copia de nuestro cante, había un respeto, se sabía que eran los gitanos los que lo hacían bien y hoy día no ha quedado ni siquiera esa consideración. Como se creó la palabra flamenco para que todo el mundo pudiera implicarse de manera justificada, ya han prescindido de los gitanos, ya no necesitan a nadie más. El único cantante en la actualidad que sabe cómo cantar este cante es Agujetas y está marginado dentro del circuito, es un ser extraño para el mercado. Hoy ya ni necesitan a los gitanos, hasta se atreven a decir que no han hecho nada en el cante.

En la actualidad el mercado domina el mundo del flamenco. Hoy se paga más, pero también se exige más. Si se ve que el cante antiguo de los gitanos no gusta tanto comercialmente se exige a los músicos profesionales que hagan mezclas con otros tipos de músicas que sí venden. Así surge en muchos casos la fusión y así empezó a desvirtuarse el cante de esta música étnica.

Guillermo Delis Gómez

     
     
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